Fue celebrado en Roma en los años 1438-1442 por la reconciliación de griegos y latinos. Estudió la reforma de la Iglesia y un nuevo intento de reconciliación con los griegos de Constantinopla. Éstos entraron, en efecto, en el seno de la Iglesia con los armenios, los jacobitas, los mesopotamios y los maronitas. Este concilio fue en varias etapas y sedes diferentes, lo que ocasionó situaciones tirantes. Fundamentalmente trató de la unión de diferentes Iglesias Orientales Autónomas con Roma y de unificar criterios. Lo que para los griegos eran las declaraciones sobre la procesión del Espírito Santo que procede del Padre y del Hijo, la Eucaristía y los Novísimos; para los armenios, decreto sobre los Sacramentos, y, para los jacobitas, decreto sobre la Trinidad y la Encarnación.
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